La Importancia del Catecismo de Heidelberg para la Iglesia de Hoy

Pbro. y Mtro. Iván Efraín Adame A.

Rector del Seminario Teológico Presbiteriano de México

 

El Catecismo de Heidelberg consta de 129 preguntas y respuestas, que sintetizan tanto la doctrina cristiana y bíblica, como también los lineamientos bíblicos para la vida cristiana, tanto individual como eclesial.

 

  1. Antecedentes Históricos:

El 19 de enero pasado (2018) se cumplieron 455 años de la publicación de este documento (Alemania, 1563). Es uno de los símbolos doctrinales más importantes de la entonces naciente y creciente iglesia protestante, que se había distanciado de la iglesia católico romana apenas 46 años antes (31 de octubre de 1517).

 

En ese breve tiempo, la iglesia había crecido significativamente en los territorios del Sacro Imperio Romano Germánico y en los cantones suizos autónomos. Un factor que permitió su expansión, como sabemos, fue que desde su origen hubo gobernantes que abrazaron el movimiento. Martín Lutero (monje agustino que se atrevió a pensar su fe y a mantener sus ideas) mismo debió mucho a la protección del elector de Sajonia, Federico III o Federico El Sabio. Así en las regiones donde las autoridades civiles abrazaron o simpatizaron con el movimiento fue donde el protestantismo se extendió. Menciono esto porque también la autoridad civil habría de ser un factor importante en el origen de este Catecismo.

 

Dentro de esta significativa expansión del movimiento protestante, también ya para entonces había comenzado una importante división interna, que giraba en torno a dos importantes líderes y conocidos: Martín Lutero y Juan Calvino. Los que suscribían la posición luterana comenzaron desde muy pronto a tener diferencias de opinión significativas con los que se llamarían reformados. En general, los partidarios de Lutero se mantuvieron más cerca de la fe y religiosidad católica de la cual provenían, y los reformados buscaban un alejamiento mayor. Ambos grupos sí coincidían en su ruptura con la autoridad eclesial de la iglesia católico romana (o papismo como le decían entonces), y también concordaban en dos asuntos doctrinales muy importantes: (1) la centralidad de las Santas Escrituras para definir la fe y la práctica cristiana, y (2) la salvación sólo por gracia, evidenciada por la fe en Jesucristo, sin necesidad de las obras. Pero hubo dos diferencias doctrinales significativas que los mantendrían permanentemente separados: (1) la relación entre el gobierno civil y el eclesiástico, y (2) el significado y administración de los sacramentos. Este último tema en disputa habría de ser el que originaría el Catecismo.

 

Heidelberg era la principal ciudad de una región alemana conocida como Palatinado, donde acababa de erigirse como elector Federico III, o Federico el Piadoso, en 1559. Hay que decir que en Heidelberg se había fundado la primera Universidad de Alemania, la Universidad Ruprecht Karl de Heidelberg, en 1386. Esto hacía de esta región un espacio favorable para el estudio de las letras y el desarrollo de las nacientes ciencias, que fue un factor que acompañó también la expansión protestante. Federico el Piadoso continuó la política de favorecer y organizar el movimiento protestante que ya se había abrazado años antes en el Palatinado. En la universidad y en la iglesia de la ciudad enseñaban teólogos y predicadores luteranos y reformados. Pero precisamente en la iglesia principal, la Heiliggeistkirche (la Iglesia del Espíritu Santo) se dio una importante disputa que escandalizó mucho la ciudad. Un profesor de la universidad, predicador luterano y un predicador reformado de la misma iglesia defendían fervientemente sus respectivas posturas sobre la Santa Cena, y se atacaban mutuamente en toda oportunidad, incluso desde el púlpito. Federico III decidió intervenir y terminar esa disputa despidiendo a ambos. La polémica se calmó un poco y en lugar de estos predicadores se incorporarían otros dos: uno llamado Gaspar Oleviano, de trasfondo luterano, y otro Zacarías Ursino, reformado. Federico III quiso que se resolviera completamente la polémica que había y consideró que la mejor manera sería proponiendo un nuevo texto de instrucción que conciliara ambas posturas. Este texto de enseñanza no sólo debería usarse en la iglesia sino también en las escuelas. Fue un texto escrito para todos los creyentes pero en especial para los jóvenes.

 

Fueron precisamente Gaspar Oleviano y Zacarías Ursino los principales autores de este texto, pero también intervinieron otros, como lo dice Federico III:

“Con el asesoramiento y colaboración de toda la facultad de teología de este lugar y de todos los superintendentes y distinguidos servidores de la Iglesia, hemos asegurado la preparación de un curso que condensa la instrucción o el catecismo de nuestra religión cristiana según la palabra de Dios en los idiomas alemán y latín” (Prefacio al Catecismo de Heidelberg, 1563).

 

Zacarías Ursino era un teólogo y maestro, académicamente bien preparado. Pero Gaspar Oleviano tenía un corazón profundamente pastoral. La intervención de ambos con sus respectivos dones y caracteres fue determinante para preparar un texto sólido bíblicamente, pero también cálido y confortante. Estos factores habrían de impactar profundamente en generaciones de protestantes y en la definición de símbolos doctrinales subsecuentes.

 

Fue este un importante trabajo de equipo, es un texto didácticamente innovador para su tiempo, y sigue siendo ejemplo para la enseñanza doctrinal de la iglesia con miras a instruir pero también a reconciliar a los cristianos. ¿Resolvió el conflicto entre luteranos y reformados de su tiempo? No lo hizo, pero su esfuerzo unificador apoyado por la autoridad civil para bien de toda la sociedad fue encomiable para su tiempo.

 

  1. Forma y Contenido:

Un Catecismo es un documento de instrucción basado en preguntas y respuestas. El nombre deriva del verbo griego kathegéomai, “guiar, instruir”. El formato de Catecismo era el común usado en la antigüedad para los textos de instrucción de cualquier saber, no sólo de doctrina cristiana. Pero después sería el distintivo para la fe cristiana. Antes del de Heidelberg por supuesto que había otros Catecismos y Declaraciones doctrinales en la iglesia. La primera síntesis doctrinal para la instrucción cristiana la tenemos en el Credo de los Apóstoles que conocemos.

 

El movimiento protestante ya contaba con varios Catecismos, como el de Lutero (1529), el de Calvino (1536), el de Ginebra (1542), incluso Zacarías Ursino había ya publicado un par de Catecismos de su autoría, sobre los que se basó para preparar el de Heidelberg. Pero en éste mostró una importante innovación didáctica en cuanto a su distribución temática:

 

  1. Distribución semanal:

Las 129 preguntas están agrupadas en 52 partes, lo cual corresponde a una lección semanal para que se estudie todo el Catecismo en un año. Cada lección semanal puede incluir desde 1 hasta 4 preguntas. Las preguntas de cada domingo (así aparece la lección semanal) están relacionadas con una distribución temática mayor, lo cual es la segunda innovación didáctica.

 

  1. Distribución temática:

La segunda pregunta del Catecismo y su respuesta son:

 

  1. Pregunta: ¿Cuántas cosas debes saber para qué, gozando de esta consolación, puedas vivir y morir dichosamente?

 

Respuesta: Tres: La primera, cuán grandes son mis pecados y miserias. La segunda, de qué manera puedo ser librado de ellos. Y la tercera, la gratitud que debo a Dios por su redención.

 

Estas tres cosas que se deben saber para una vida bajo la consolación de Jesucristo (que se describe en la primera pregunta), son las tres partes principales en las que se agrupan los domingos.

 

Introducción (preguntas 1-2)

Primera parte: El Pecado y la Miseria del Hombre

Segunda parte: La Redención del Hombre

Tercera parte: De la gratitud que debemos a Dios por la salvación

 

Me parece a mí que este es el primer documento con este tipo de innovación didáctica en formato de Catecismo.  Que proponga una lógica que abarque todas las demás temáticas incluidas.

 

III. Importancia:

Podemos identificar la importancia para la iglesia de hoy del Catecismo en varios aspectos. Primeramente, tenemos con el Catecismo una Síntesis doctrinal accesible. Con la ayuda de la siguiente página web: http://www.heidelberg-catechism.com/es/ podemos acceder con rapidez a los asuntos que se contienen. Por ejemplo, si necesitamos una definición de FE buscamos esta palabra y encontraremos el tema de la FE en las preguntas 20 a 23 y 29. Como ejemplo, citamos la pregunta 21:

 

  1. Pregunta: ¿Qué es la verdadera fe?

Respuesta: No es sólo un seguro conocimiento por el cual considero cierto todo lo que el Señor nos ha revelado en su Palabra, sino también una verdadera confianza que el Espíritu Santo, infunde en mi corazón, por el Evangelio, dándome la seguridad, de que no sólo a otros sino también a mí mismo Dios otorga la remisión de pecados, la justicia y la vida eterna, y eso de pura gracia y solamente por los méritos de Jesucristo.

 

La doctrina aquí reflejada será consistente, bien fundamentada en las Escrituras, contundente para asentar nuestras convicciones.

 

En segundo, lugar el Catecismo de Heidelberg y su contenido son de importancia para la iglesia hoy porque refleja un interés conciliador de las posturas doctrinales que sean divergentes. Esto sin caer en relativismos, sino afirmando firmemente la posición bíblica más equilibrada y consistente. Ya dijimos antes que la polémica que lo gestó fue el tema de la cena del Señor. Respecto a esto así se enseña, según las preguntas correspondientes al domingo 29:

 

  1. Pregunta: ¿El pan y el vino se convierten sustancialmente en el mismo cuerpo y sangre de Cristo?

 

Respuesta: De ninguna manera, pues como el agua del Bautismo no se convierte en la sangre de Cristo, ni es la misma ablución de los pecados, sino solamente una señal y sello de aquellas cosas que nos son selladas en el Bautismo, así el pan de la Cena del Señor no es el mismo cuerpo, aunque por la naturaleza y uso de los sacramentos es llamado el cuerpo de Cristo.

 

  1. Pregunta: ¿Por qué llama Cristo al pan su cuerpo y a la copa su sangre, o el Nuevo Pacto en su sangre, y Pablo al pan y al vino la comunión del cuerpo y sangre de Cristo?

 

Respuesta: Cristo no habla así sin una razón poderosa, y no solamente para enseñarnos que, así como el pan y el vino sustentan la vida corporal, su cuerpo crucificado y su sangre derramada son la verdadera comida y bebida, que alimentan nuestras almas para la vida eterna, más aún, para asegurarnos por estas señales y sellos visibles, que por obra del Espíritu Santo somos participantes de su cuerpo y sangre tan cierto como que tomamos estos sagrados símbolos en su memoria y por la boca del cuerpo; y también que su pasión y obediencia son tan ciertamente nuestras, como si nosotros mismos en nuestras personas hubiéramos sufrido la pena y satisfecho a Dios por nuestros pecados.

 

Esta postura reflejada no sonaría del todo mal para un luterano, aunque sí contraviene su idea que el pan y el vino de la Santa Cena sí son literalmente el cuerpo y la sangre de Jesucristo (consubstanciación), pero con la diferencia que no deben constituirse en objeto de veneración fuera del acto eucarístico. La postura reformada más radical se enfatizaba el carácter completamente simbólico y memorial de la Santa Cena. Pero la letra del Catecismo se cuida de no ser tan vehemente en esto precisamente por su carácter conciliador. De esto debemos aprender también en nuestra enseñanza de la doctrina, a ser conciliadores sin comprometer la verdad. Por ejemplo sobre esto mismo sí distingue claramente los rasgos erróneos de la misa papal:

 

  1. Pregunta: ¿Qué diferencia hay entre la Cena del Señor y la misa papal?

 

Respuesta: La Cena del Señor, nos testifica que tenemos remisión perfecta de todos nuestros pecados por el único sacrificio de Cristo, que El mismo cumplió en la Cruz una sola vez; y también que por el Espíritu Santo, estamos incorporados en Cristo, el cual no está ahora en la tierra según su naturaleza humana, sino en los cielos a la diestra de Dios, su Padre, donde quiere ser adorado por nosotros. La misa enseña que los vivos y los muertos no tienen la remisión de los pecados por la sola pasión de Cristo, a no ser que cada día Cristo sea ofrecido por ellos por mano de los sacerdotes; enseña también que Cristo está corporalmente en las especies de pan y de vino, y por tanto ha de ser adorado en ellas. Por lo tanto, el fundamento propio de la misa no es otra cosa que una negación del único sacrificio y pasión de Jesucristo y una idolatría maldita.

 

En tercer lugar, destacamos el interés pedagógico, del diseño del Catecismo, que ha buscado proponer un tema unificador para toda su exposición de manera que se enriqueciera la mnemotecnia; Sí, el Catecismo se debía memorizar por completo. La gente de ese tiempo tenía esas capacidades que son casi sobrenaturales para nosotros.

 

Por último, destaco que el mensaje del Catecismo refleja un interés en formación integral, pues el Catecismo ya dijimos que fue hecho no solo para la instrucción religiosa, sino también para la instrucción que debía darse en las escuelas. En esa época el protestantismo estaba consciente de su responsabilidad con la sociedad, considerando que el verdadero mensaje cristiano y bíblico ayudaría a un desarrollo sistémico del ser humano y de su sociedad. En el prólogo, el mismo Federico III refleja que este compromiso deben tenerlo los mismos gobernantes:

 

“Los funcionarios de gobierno no sólo tienen el deber de mantener el orden y la paz dentro de su territorio, sino también y sobre todo, de constantemente amonestar y conducir a sus ciudadanos al devoto conocimiento y temor del Todopoderoso y de Su santa palabra de salvación”. (Prefacio de Federico III en el Catecismo de Heidelberg)

 

Algo adicional  interesante, es que como la Biblia, el Catecismo también en ocasiones da destellos de luz que iluminan situaciones de errónea oscuridad. Ahora se da el debate en nuestra sociedad sobre la libre determinación individual, señalando que si alguien quiere destruir su cuerpo, el Estado debe garantizar al individuo ese derecho. Pero vean lo que instruye el Catecismo en la pregunta 105:

 

  1. Pregunta: ¿Qué exige Dios en el sexto mandamiento?

 

Respuesta: Que ni por mis pensamientos, palabras, actitud, y aún menos por mis actos, por mí mismo o por medio de otro, llegue a injuriar, odiar, ofender o matar a mi prójimo; por el contrario, que renuncie a todo deseo de venganza; que no me haga mal a mí mismo o me exponga temerariamente al peligro. Para impedir esto, el magistrado posee la espada.

 

Conozcamos y aprovechemos el mensaje transformador de la Palabra de Dios que expone el Catecismo de Heidelberg, que es uno de los símbolos doctrinales de nuestra Iglesia Nacional Presbiteriana de México.