Viernes de Pasión

viernes santo

Nos acercamos a la cruz de Jesús para escuchar sus palabras finales y el significado de su muerte para darnos vida.

Pasajes bíblicos: Mateo 27:32-61; Marcos 15:21-47; Lucas 23:32-56; Juan 19:17-42
Lecturas bíblicas complementarias: Salmo 22; Isaías 53; Hebreos 10:1-18
Comentario a las 7 Palabras desde la Cruz según el orden canónico
Cada viernes que se conmemora la crucifixión de Jesucristo, en muchas iglesias se predican las “Siete Palabras”. Estas son las expresiones dijo el Señor Jesús desde la cruz, según lo registran nuestros evangelios. La manera en que tradicionalmente se exponen las palabras es de acuerdo al orden cronológico de los acontecimientos, y se ordenan así:
Primera Palabra: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen» (Lc 23:34)
 Segunda Palabra: «Hoy estarás conmigo en el Paraíso» (Lc 23:43)
 Tercer Palabra: «Mujer, he ahí tu hijo… he ahí tu Madre» (Jn 19:26-27)
 Cuarta Palabra: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?» (Mt 27:46)
 Quinta Palabra: «Tengo sed» (Jn 19:28)
 Sexta Palabra: «Consumado es» (Jn 19:30)
 Séptima Palabra: «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu» (Lc 23:46)
Otra manera de exponer las palabras de Jesucristo desde la cruz, puede ser el orden canónico, es decir, de acuerdo a como se registran en los evangelios del canon del Nuevo Testamento. Exponerlas de esta manera nos permite considerarlas como parte de la obra completa de cada evangelista que las ha citado, y también por supuesto, la permanencia de su enseñanza para nosotros.
Evangelio según Mateo
“Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mt 27:46)
Tanto Mateo como Marcos solamente citan esta palabra de Jesús en la cruz. Después registran que al final, Jesús clamó a gran voz y entregó el espíritu (Mc 15:37; Mt 27:50).
El texto de Mateo dice: “Elí, Elí, ¿lama sabactani?” (27:46)
El texto de Marcos dice: “Eloi, Eloi, ¿lama sabactani?” (15:34)
La diferencia de pronunciación entre ambos está en que Mateo cita las palabras en hebreo (Elí) y Marcos las cita en arameo (Eloi). Si bien el idioma que hablaba Jesús es el arameo, Mateo al parecer ha preferido registrarlas en hebreo buscando que los judíos, especialmente los más ortodoxos vean en Jesús al Mesías que esperaban. Esta expresión hace eco de las palabras iniciales del Salmo 22, y denota la experiencia del abandono de Dios ante el pecado humano. Dios no puede siquiera ver el pecado, y aunque Jesús no es un pecador, en el momento de la cruz está llevando el pecado humano y el castigo merecido.
Por eso tiene que padecer el abandono mismo de Dios y dejar testimonio de esto con este clamor de angustia. Mateo busca que sus lectores vean cómo el Mesías tiene como misión liberarles, pero no de la opresión política como se pensaba, sino liberarles de su maldad llevando el pecado de muchos, como había sido dicho por el profeta Isaías:
“…por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores.” (Isa 53:12b)
Si nosotros hemos sentido la angustia del abandono de Dios, con seguridad nos hemos hecho conscientes de que hay pecado en nosotros, y que podemos venir también ante la cruz para dejar en ella nuestro pecado y ser limpiados por Jesucristo. Podemos ver en esta expresión de Cristo que él padeció por el pecado y puede compadecerse de aquellos que aún viven engañados por el pecado, y les llama a volverse a Dios y no sufrir su abandono.
Evangelio según Lucas
Lucas consigna tres Palabras de Jesús en la cruz. Para estudiarlas tengamos en mente que el propósito general de Lucas es dar a conocer el evangelio entre gente que no son judíos, y se esfuerza por demostrar principalmente dos cosas: (1) la profunda misericordia de Dios para la humanidad mostrada en Jesucristo, su hijo, y (2) las exigencias y los beneficios para los auténticos seguidores de Jesús.
“Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lc 23:34)
Hemos dicho que cronológicamente esta es la primer palabra dicha, y en ella se pueden ver dos asuntos, que son precisamente el núcleo básico del mensaje de Jesucristo según el Evangelio de Lucas: (1) El reconocer a Jesús como el Hijo de Dios, y (2) el perdón de los pecados. Ambos asuntos están estrechamente relacionados. Por ser el Hijo de Dios, tiene potestad para perdonar los pecados (Lc 5:24). Aquí refrenda esta facultad por medio de un clamor por aquellos quienes lo están poniendo en la cruz. Queda constancia que la misericordia de Dios puede alcanzar a aquellos que por ignorancia viven en pecado y ofenden a Dios. «Los que no saben lo que hacen» podemos ser cualquiera de nosotros, que podemos ser engañados por el pecado, y ofender a Dios con nuestro abandono e indiferencia. Pero el llamado es a que reconozcamos esta maldad, nos arrepintamos y vengamos a buscar el perdón que se nos ofrece gratuitamente por esa gran misericordia de Dios. Experimentar el perdón de Dios nos permite que nosotros, siguiendo este ejemplo de Jesús, también podamos perdonar. El perdón de Dios nos libera de condenación, el vivir perdonando nos libera de la amargura que nos consume sin darnos cuenta. Vivamos cada día este perdón plenamente.
“Hoy estarás conmigo en el Paraíso” (Lc 23:43)
Esta palabra, como sabemos, la dirige Jesús al ladrón que padece con él, que en ese momento de cruel castigo, antes de su último aliento pone su esperanza en ese inocente que agoniza a su lado. Donde Mateo y Marcos registran que estos dos ladrones le insultaban también (Mc 15:32; Mt 27:44), Lucas registra un diálogo que da luz sobre el mayor terror del ser humano: la muerte. Lucas deja constancia que la muerte misma ha sido vencida por la cruz de Jesús, pues el ladrón, quien pensaba que iba a morir y en algún futuro distante resucitar para enfrentar el juicio de Dios, recibe la seguridad inmediata, no futura ni distante, de encontrarse con Jesús en el paraíso. Lucas está mostrando a los creyentes cómo uno de los primeros beneficios del evangelio es asegurarles que la muerte deja de ser un oscuro salto a la incertidumbre y se transforma en un paso más para la plenitud de la vida eterna, asegurándonos la compañía de ese Jesús en el que somos invitados a poner nuestra confianza.
“Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (Lc 23:46)
Con esta Palabra, Lucas concluye el sufrimiento de Jesús en la cruz. Allí donde Marcos y Mateo sólo dicen que «Jesús clamó a gran voz y expiró» (Mc 15:37; Mt 27:50), Lucas registra esta expresión que es una cita de las palabras del Salmo 31, un clamor de confianza y de liberación de la angustia que causan los enemigos:
“En tu mano encomiendo mi espíritu; Tú me has redimido, oh Jehová, Dios de verdad.” (Salmo 31:5)
Con esta palabra, Lucas afirma dos cosas (1) Nuevamente que Jesús es el Hijo de Dios al dirigirse a él como Padre, (2) La confianza que, a pesar del drama sufrido, Dios ha cumplido su propósito al permitir que su Hijo muriera en la cruz. Con esta expresión se nos recuerda que tenemos la seguridad que, si abrazamos el evangelio, Dios nos libra y nos librará de cualquier angustia, incluso la de la muerte y del abandono. Podemos tener la confianza de que nuestro ser le pertenece a nuestro Padre, tanto en la vida como en la muerte.
Evangelio según Juan
Juan se distingue por mostrar la veracidad del evangelio, y la divinidad de Jesucristo. Invita a los que leen a creer en el evangelio y a confiar sin reservas en Jesucristo (Jn 20:31), pues como Hijo de Dios, él es el camino, verdad y la vida, y nadie viene al Padre sino por él (Jn 14:6). Él registra las últimas tres palabras que comentaremos:
“Mujer, he ahí tu hijo… he ahí tu Madre” (Jn 19:26-27)
Esta palabra también afirma la seguridad de la vida pero se enfoca en la vida actual. Jesús pone al cuidado de Juan, el discípulo amado, a su propia madre. Aquí no se representa que la iglesia o los creyentes deben tener a María como su propia madre, como dice la tradición católica. Aquí Jesús asegura que su madre no quede desprotegida, cosa que se cumple. Pero sí hay una instrucción para todos los creyentes: La instrucción que provean y protejan a los que lo necesitan: a su propia familia primeramente y también a los que les rodean. Primero a los de la familia: como dice Pablo «El que no provee para los suyos, y sobre todo para los de su propia casa, ha negado la fe y es peor que un incrédulo.» (1Tm 5:8); después a los demás: «siempre que tengamos la oportunidad, hagamos bien a todos, y en especial a los de la familia de la fe.» (Gá 6:10)
Así que esta palabra de Jesús pone de manifiesto que mostró su amor hasta la muerte, que amó a los suyos hasta el fin (Jn 13:1), y aún en la cruz, ahí manifiesta su amor. Ese amor que excede todo conocimiento, que nos ha dado la vida a nosotros, que nos ha dado una nueva familia, la familia de Dios, y que nosotros ahora damos a conocer con nuestra vida.
“Tengo sed” (Jn 19:28) y “Consumado es” (Jn 19:30)
Con estas expresiones Juan relata la conclusión de los sufrimientos de Jesús en la cruz. Vean que dice “Para que la Escritura se cumpliese”. Esto señala que para Juan, Jesús es el cumplimiento de los anuncios proféticos mesiánicos. Esto es una evidencia contundente de la veracidad del evangelio. En esto se parece a Mateo, el cual es más prolífico al mencionar las profecías del Antiguo Testamento. Juan hace referencia aquí al salmo 69:21, que dice: “Me pusieron además hiel por comida, Y en mi sed me dieron a beber vinagre.”
Con esta expresión Juan deja en claro la humanidad de Jesús, para contrarrestar una herejía llamada después “docetismo”, que enseñaba que Jesús no fue un verdadero ser humano, sino que tuvo una apariencia de ser humano, pero que no lo era en realidad, pues era un espíritu. Sin embargo, Jesús, como ser humano, padece sed, en especial en estos últimos momentos de su agonía.
Pero está consciente que debe cumplir toda la Escritura y que debe llegar a ese momento para concluir con el plan de Dios. Por ello el clamor de “Consumado es”, señala que fue cumplido todo lo que debía hacerse según el propósito salvador de Dios. Nadie actuó por sí mismo, nada de lo ocurrido fue accidental, todo estaba preparado para que ocurriera así. Ver de esta forma los hechos hace que tomemos conciencia de un Dios que tiene el control de todas las cosas, incluso las adversas, y que estas cosas también son parte del gran plan que Él está realizando en la humanidad. Nos gustaría ver ese plan por completo y no parcialmente, pero por ahora debemos creer que es así. La cruz de Cristo, con todo su dolor y sufrimiento que nos recuerda, nos asegura que Dios tiene en sus manos todo lo que somos y lo que queremos, y que está obrando para que todo llegue a su plenitud, cuando se manifieste su Reino. Vivamos hoy con esta enseñanza de la cruz de Cristo, vivamos con plenitud nuestra salvación.
“Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu,
los cuales son de Dios.” (1 Corintios 6:20)
Pbro. Iván Efraín Adame Adame

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